Mi primera vez: Cámara de Bronceo

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Mi primera vez: Cámara de Bronceo

Mi primera vez: Cámara de Bronceo

Hola soy Macry Vélez y quiero contarte como fue mi primera vez en una cámara de bronceo en Medellín. Hace 15 años fue la primera vez que ingrese a una cámara bronceadora o también conocidas como camas de sol, en aquel tiempo estaban de moda las cámaras de bronceo y se podían encontrar casi en cualquier lugar (peluquerías, spas, centros de estéticas etc.). Yo era una niña que cada vez que me exponía al sol, mi piel se quemaba, y cada temporada de vacaciones sufría una quemadura en la piel por exponerme durante largas horas. Sin embargo, me encantaba la piel dorada y no me importaba. ¿Se acuerdan de ese comercial que decía “mira su color dorado…”? Bueno, eso era realmente la moda. Cuando tuve la edad mínina para ingresar a un cámara de bronceo mi mamá me acompañó a ese lugar X. La verdad, sentí pánico cuando la vi, era una cámara pequeña, en un cuarto realmente mínimo y me dijeron que, si quería, podía estar entre 15 y 20 minutos. La pregunta de mi mamá y la mía fue ¿eso sí es seguro? La respuesta fue ¡pues claro! Ingresé y mi mamá se quedó afuera esperándome. Me dieron unos algodones húmedos para proteger mis pezones y me apliqué mi bronceador (sí, el mismo que usaba para el sol) había un pequeño ventilador y listo. Encendí la máquina y me acosté en la cama de bronceo. Los minutos se me hicieron eternos y solo fueron 15. ¿Cómo fue mi experiencia? Nada agradable realmente porque todo el tiempo estuve pensando ¿qué hago si me quedo encerrada? Mejor dicho, todos los miedos de cualquier película de terror pasaban por mi mente. No había música, no podía subir o recoger los pies y era realmente muy incómodo.

Igual, cuando salí mi mamá me pregunto ¿cómo te fue? Y yo le respondí “súper” mamá, quiero un paquete de sesiones y ella me lo regaló. En aquel lugar nunca nos dijeron cuál era la radiación de las cámaras, ni sus mantenimientos, ni nada, el único beneficio era broncearse.

Así empezó todo, comencé a broncearme en diferentes lugares y a ver que efectivamente ya no tenía que ir al sol para lograr un color dorado, hasta que un día empezaron a cerrar las cámaras de bronceo en toda la ciudad y empecé leer artículos que decían que las cámaras de bronceo eran peligrosas. WOW yo ya llevaba más de tres años bronceándome de esa manera, entonces decidí parar. Volví a tener una piel blanca y a cuestionarme mucho sobre el tema.

 

 

Unos años después hice un intercambio en Londres y conocí una amiga londinense que siempre estaba con un hermoso color dorado. Yo le pregunte que cómo hacía para mantener ese color dorado, suponiendo que era del verano anterior. Ella me dijo que frecuentaba un centro de bronceo todo el tiempo y le pregunté ¿cómo así, aquí no están prohibidas las cámaras de bronceo? Y su respuesta fue No. Por el contrario habían muchos centro de bronceo en Europa y que las personas los frecuentaban con regularidad por temas de depresión. Esa fue la primera vez que escuché la relación entre la depresión y una cámara de bronceo. Así que decidí ir al centro de bronceo que mi amiga me había recomendado. Cuando llegué a ese lugar, me impactó porque era un lugar especializado solo en cámaras de bronceo y esas cámaras nunca las había visto, ¡era como comparar un carro con una carroza! O sea, lo que yo estaba viendo era como una cápsula espacial. Quería entrar, pero no pude porque no tenía 21 años y mis papás no estaban para acompañarme. Lo otro que noté, era que las sesiones eras muy costosas comparadas con las que anteriormente yo pagaba en mi país, y pues era lógico porque realmente eran cámaras muy diferentes.

Cuando regresé a Colombia me propusieron participar en un concurso de belleza, pero dentro de los requisitos yo sabía que debía tener una piel bronceada, así que busqué nuevamente cámaras de bronceo en la ciudad de Medellín y encontré solo un par de lugares y ninguno de ellos tenía la tecnología que había visto en Europa. Sin embargo, no me importó ya que mi objetivo era estar bronceada como fuera, para así tener el color adecuado y poder lucir mi piel en vestido de baño, aunque en mi mente siempre tuve muchas dudas, del porqué aquí no teníamos aquella tecnología y ningún lugar era especializado, ni certificado.

A mis 23 años decidí emprender un proyecto y desarrollarlo en mi práctica profesional de Arquitectura. Realicé muchos análisis de posibles empresas que me gustaría tener y un día, bronceándome en el mismo lugar, volví a recordar aquel sitio que había visto en Londres y a preguntarme cómo era posible que aún no hubiera un lugar así en nuestro país. Ahí empezó mi interés real por las cámaras de bronceo y los centros de bronceo del mundo. ¿Qué fue lo más importante que encontré en la investigación? Que efectivamente, aquella tecnología, en la que yo me bronceaba anteriormente, estaba prohíba en Europa ya que no cumplía con un requisito fundamental y era la cantidad de radiación emitida por las cámaras de bronceo. Esto cambiaba todo el panorama, pues lo que realmente busca la regulación europea es la seguridad de las personas al exponerse a la luz ultravioleta sin hacer daño a su salud. Es aquí donde decidí crear a SOLER, un lugar único que cumpliera con las regulaciones exigidas internacionalmente, además del cumplimiento de todas las regulaciones nacionales, donde se garantizara tanto el cuidado de mi piel como el de cualquier otro usuario.

¡Realmente amo las cámaras de bronceo de Soler, han hecho una gran transformación en mi vida y estoy segura que transformarán la tuya! .Te invito a que conozcas más sobre bronceo ¡aquí!

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